Fisioterapia invasiva o electrolisis percutánea para tratar lesiones tendinosas
El diagnóstico de «tendinitis del supraespinoso» puede llevar a una consulta y, de ahí, a una pregunta muy concreta: si el fisioterapeuta propone una técnica con aguja, ¿está hablando de electrólisis percutánea o de fisioterapia invasiva?

Fisioterapia invasiva o electrólisis percutánea para tratar lesiones tendinosas
No son términos intercambiables. Uno nombra una familia de procedimientos; el otro, una técnica específica dentro de esa familia.
La diferencia importa, aunque no resuelva por sí sola qué tratamiento conviene. La evidencia sobre electrólisis percutánea en tendinopatías sigue siendo limitada y desigual. Antes de valorar sus posibles beneficios, conviene saber qué se aplica, cómo se integra con el ejercicio y qué grado de certeza permiten los estudios. La pregunta «fisioterapia invasiva o electrólisis percutánea para tendinitis» parte, además, de una comparación que necesita aclararse: la electrólisis es una de las técnicas que se incluyen en la fisioterapia invasiva.
Una técnica concreta dentro de un paraguas amplio
La fisioterapia invasiva agrupa procedimientos que atraviesan la piel con una aguja con intención terapéutica. En ese conjunto se encuentran, entre otras técnicas, la punción seca, la neuromodulación percutánea y la electrólisis percutánea. Comparten el uso de una aguja, pero no necesariamente el objetivo, el estímulo ni la forma de aplicarse.
La electrólisis percutánea, llamada también EPI o electrólisis percutánea intratisular, añade una corriente galvánica que se transmite a través de la aguja. La punción seca, en cambio, utiliza el estímulo mecánico de la aguja sin esa corriente. La distinción no es meramente comercial: cada procedimiento tiene una lógica propia. Que dos técnicas empleen agujas no permite deducir que sean equivalentes ni que una pueda sustituir a la otra.
| Parámetro | Electrólisis percutánea (EPI) | Punción seca | Acupuntura musculoesquelética |
|---|---|---|---|
| Estímulo principal | Aguja y corriente galvánica | Estímulo mecánico de la aguja | Aguja, con posible estimulación eléctrica |
| Diana habitual | Zona tendinosa que se pretende tratar | Punto gatillo miofascial | Puntos seleccionados según el abordaje |
| Guía ecográfica | Se utiliza en la práctica descrita por profesionales, aunque la encuesta disponible no fija una norma universal | Variable | No suele ser sistemática |
| Relación con el ejercicio | Puede plantearse como complemento | Suele combinarse con otras intervenciones | Depende del plan terapéutico |
| Certeza de la evidencia en tendinopatías | Baja o muy baja en varias revisiones | Heterogénea | Heterogénea |
En la conversación clínica, preguntar «¿EPI o fisioterapia invasiva?» mezcla dos niveles. La EPI forma parte de la fisioterapia invasiva; no es una alternativa externa a ella. Para decidir, resulta más útil concretar qué técnica se propone, sobre qué estructura, con qué objetivo y dentro de qué programa de rehabilitación.
La fisioterapia invasiva es la categoría; la electrólisis percutánea, una de las técnicas que caben dentro de ella.
También conviene separar el nombre de la técnica de la indicación. Que un centro ofrezca EPI no significa que sea adecuada para cualquier dolor tendinoso. La decisión depende de la valoración clínica, de la evolución del problema y del plan completo, no solo del procedimiento que se realiza durante una sesión.
La aguja y la corriente en el tendón
La electrólisis percutánea se plantea para actuar sobre zonas tendinosas alteradas. En la descripción habitual de la técnica, la aguja se dirige a la zona que se quiere tratar y la corriente galvánica provoca una respuesta local. La hipótesis clínica es que esa respuesta puede favorecer procesos posteriores de reparación. Explicar el mecanismo propuesto no demuestra, por sí mismo, que el tratamiento produzca mejores resultados que otras opciones.
La ecografía puede ayudar a localizar la estructura y guiar la aguja. En un tendón, la precisión del abordaje importa porque se trata de una zona pequeña y próxima a otras estructuras. Pero la visualización no convierte automáticamente una intervención en eficaz: ayuda a orientar el procedimiento, pero no determina cuánto mejoran el dolor o la función frente a un comparador.
Hay además una cuestión de vocabulario que influye en las expectativas. «Tendinitis» se usa a menudo para describir el dolor tendinoso, pero el término sugiere inflamación. «Tendinopatía» es más amplio y suele resultar más preciso para cuadros en los que hay alteraciones del tendón que no se explican como una inflamación aguda simple. Por eso, buena parte de la literatura habla de tendinopatía.
El cambio de término no constituye un diagnóstico por sí mismo ni permite anticipar la respuesta a la EPI. Sí ayuda a evitar una expectativa demasiado lineal: un tendón que lleva tiempo dando problemas no necesariamente se recupera en unas pocas sesiones por haber recibido una corriente. La evolución se valora en relación con el dolor, la función y la capacidad para volver a las actividades que la persona necesita o quiere realizar.
Qué permiten afirmar las revisiones
La investigación sobre electrólisis percutánea en tendinopatías reúne estudios con protocolos, pacientes y comparaciones diferentes. Las revisiones disponibles ofrecen una imagen poco concluyente. Algunas encuentran señales favorables en determinados resultados o frente a ciertos comparadores; otras no permiten establecer con seguridad que la técnica aporte un beneficio propio. No conviene reunir todos esos hallazgos bajo una sola conclusión optimista.
Una revisión sistemática con metanálisis publicada en 2026 incluyó 13 ensayos en la síntesis cualitativa y 12 en el metanálisis. Con una certeza muy baja, no encontró que añadir EPI al ejercicio fuera superior al ejercicio solo ni al ejercicio combinado con una intervención simulada en dolor o función, a corto, medio o largo plazo. El resultado no demuestra que la EPI nunca pueda ayudar a una persona concreta. Indica que, con los estudios analizados, no se pudo establecer una ventaja adicional frente a esas comparaciones.
La revisión de 2022 tampoco permitió determinar si la técnica era eficaz. Las revisiones publicadas en 2024 aportan otros análisis, pero sus resultados deben leerse por separado y sin atribuirles comparaciones que corresponden a estudios posteriores. En la revisión de Journal of Sport Rehabilitation, el conjunto de estudios seleccionados no permite presentar como conclusión propia una señal favorable frente a punción seca más ejercicio. Esa comparación corresponde a la revisión de 2026. La revisión de 2024 ofrece una síntesis distinta y no debe resumirse como si hubiera demostrado superioridad funcional.
| Revisión | Estudios incluidos | Comparación o alcance | Lectura prudente |
|---|---|---|---|
| 2026 | 13 en la síntesis cualitativa y 12 en el metanálisis | EPI más ejercicio frente a ejercicio solo, ejercicio con intervención simulada y punción seca más ejercicio | No encontró superioridad frente al ejercicio solo o con intervención simulada en dolor o función; certeza muy baja. Frente a punción seca más ejercicio, señaló una reducción mayor del dolor a corto y medio plazo, sin superioridad funcional y con certeza baja |
| 2024, Journal of Sport Rehabilitation | 8 ensayos controlados seleccionados de 534 registros cribados | Revisión de ensayos sobre EPI en tendinopatías | Sus resultados deben interpretarse con cautela; no corresponde atribuirle la comparación favorable con punción seca más ejercicio descrita en la revisión de 2026 |
| 2024, Journal of Bodywork and Movement Therapies | 7 estudios, 282 participantes | EPI combinada con otras intervenciones | Resultados con certeza muy baja o baja |
| 2022, South African Journal of Sports Medicine | 11 estudios: 6 ensayos controlados y 5 no controlados | EPI frente a controles heterogéneos | No permitió determinar la eficacia |
La revisión de 2026 analizó comparaciones distintas y obtuvo resultados que no conviene fundir en una frase única. Al comparar EPI más ejercicio con ejercicio solo o con ejercicio y una intervención simulada, no encontró superioridad en dolor o función. En la comparación con punción seca más ejercicio, sí señaló una mayor reducción del dolor a corto y medio plazo, con certeza baja, pero no una ventaja funcional. La diferencia entre esas conclusiones depende del comparador y del resultado medido.
La revisión de 2022 no pudo establecer si la técnica era eficaz. Las revisiones de 2024, por su parte, reúnen estudios y comparaciones heterogéneos, con niveles de certeza que limitan lo que se puede concluir. En conjunto, no respaldan una afirmación general de que la EPI sea superior a cualquier alternativa ni permiten dar por demostrado un beneficio uniforme para todas las tendinopatías.
Esto tiene una consecuencia práctica: no se puede prometer que la electrólisis vaya a aliviar el dolor ni que acelere la recuperación de cualquier tendinopatía. Tampoco se puede concluir, a partir de estas revisiones, que no tenga lugar en ningún caso. La incertidumbre es real y conviene nombrarla con precisión, sin convertirla en una recomendación universal a favor o en contra.
Los estudios no responden todos a la misma pregunta. El resultado puede variar según con qué se compare la EPI y qué se mida.
Ecografía y ejercicio: qué dice una encuesta profesional
Un estudio español de 2019 preguntó a profesionales por su práctica y sus opiniones sobre la electrólisis percutánea. La encuesta recogió respuestas de 212 asistentes a un congreso y de cuatro expertos. Entre quienes respondieron, el 97,74 % consideró imprescindible la guía ecográfica para aplicar la técnica, y el 77,78 % señaló el ejercicio terapéutico como terapia de apoyo habitual.
Son datos de práctica declarada y opiniones profesionales recogidas en un contexto concreto. No establecen una norma clínica universal, no prueban la eficacia de la EPI y tampoco bastan para afirmar que exista un estándar aceptado por toda la profesión. Sí describen cómo respondieron los participantes: la mayoría consideraba importante la ecografía y una parte amplia situaba el ejercicio entre los apoyos habituales.
La diferencia entre describir una práctica y fijar una regla importa. La encuesta no permite concluir que cualquier aplicación sin ecografía quede fuera de un estándar universal. Sí invita a preguntar cómo se localiza la zona tratada y qué medidas de seguridad utiliza el profesional. Una respuesta clara sobre esos puntos ayuda a entender el procedimiento, aunque una encuesta de opiniones no sustituye a la evidencia sobre resultados clínicos.
En el mismo estudio, al plantear un escenario concreto de tendón degenerado con vaina simple, el intervalo de intensidad más elegido fue de 2 a 4 mA. Es una respuesta referida a ese supuesto, no una dosis validada para todas las tendinopatías. La investigación no ha fijado una combinación estándar de intensidad, frecuencia y número de sesiones que pueda extrapolarse automáticamente a cada paciente.
El ejercicio merece una atención aparte. Su presencia en un plan no depende de que la EPI funcione o no: la rehabilitación de una tendinopatía necesita abordar la capacidad del tejido para tolerar cargas y las demandas de la actividad. La pauta concreta debe adaptarse a la persona, al tendón afectado y a su evolución. Una técnica aplicada en consulta no reemplaza por sí sola ese trabajo progresivo.
Por qué los protocolos no convergen
Los estudios no han utilizado siempre la misma intensidad, frecuencia, duración del estímulo, número de sesiones ni combinación con ejercicio. Tampoco han incluido necesariamente pacientes con la misma localización tendinosa o una evolución comparable. Cuando los protocolos y las poblaciones difieren, resulta difícil reunir los resultados y extraer una pauta única.
Esa heterogeneidad ayuda a entender por qué las revisiones califican la certeza como baja o muy baja. No demuestra automáticamente que la técnica sea inútil; sí limita cuánto se puede afirmar sobre su efecto y sobre las condiciones en que podría ser útil. En particular, la evidencia disponible no fija una dosis universal ni identifica con seguridad una tendinopatía para la que la EPI deba elegirse de forma preferente.
Siguen abiertas varias preguntas clínicas:
- No se ha establecido una localización tendinosa en la que la EPI tenga una indicación preferente demostrada.
- No está claro qué perfil de paciente obtiene un beneficio mayor de forma consistente.
- Las fuentes revisadas no permiten fijar una tasa general de efectos adversos aplicable a todos los dispositivos y protocolos.
- No ofrecen una lista universal de contraindicaciones válida para cualquier paciente.
- La comparación con otras modalidades de fisioterapia invasiva depende de estudios concretos y no resuelve todas las decisiones clínicas.
Por eso, cuando se propone la técnica, es razonable hablar de objetivos y criterios de seguimiento. ¿Qué cambio se espera en el dolor o la función? ¿Cómo se combinará el procedimiento con el ejercicio? ¿Cuándo se revisará la respuesta y qué se hará si no hay una evolución útil? Estas preguntas no convierten la consulta en un examen al profesional: sirven para que paciente y fisioterapeuta entiendan el plan y puedan ajustarlo.
Lo que cambia al distinguir ambas opciones
Entender que la EPI es una técnica dentro de la fisioterapia invasiva evita elegir entre etiquetas que no son equivalentes. La conversación útil se centra en la indicación concreta, el modo de aplicación y el lugar que ocupa el procedimiento dentro de la rehabilitación.
La evidencia actual aconseja moderar las expectativas. La revisión de 2026 no encontró que añadir EPI al ejercicio fuera superior al ejercicio solo o al ejercicio con intervención simulada en sus comparaciones principales. Frente a punción seca más ejercicio, sí observó una reducción mayor del dolor a corto y medio plazo, pero con certeza baja y sin superioridad funcional. La revisión de 2022 no pudo determinar la eficacia. Las revisiones de 2024 deben leerse según sus propios estudios y comparaciones, sin trasladarles ese resultado concreto de 2026. La encuesta profesional de 2019, por su parte, describe opiniones y prácticas declaradas, no un consenso normativo.
Antes de empezar, tiene sentido preguntar si se empleará ecografía, qué programa de ejercicio acompañará a la intervención, qué objetivo se persigue y cuándo se reevaluará el resultado. Una explicación precisa debería incluir también la incertidumbre: no hay una dosis estándar establecida para todas las tendinopatías ni una garantía de que la técnica supere al ejercicio bien pautado.
La electrólisis percutánea puede formar parte de un plan para una lesión tendinosa, pero su papel debe juzgarse dentro de ese plan y con expectativas proporcionadas. La aguja y la corriente no sustituyen la valoración, el ejercicio ni el seguimiento. Con la evidencia disponible, tampoco justifican prometer una solución aislada.