Magnetoterapia o ultrasonidos para la artrosis de rodilla: diferencias clave
Cuando una persona con artrosis de rodilla pregunta si le conviene más la magnetoterapia o los ultrasonidos, la respuesta razonable empieza por aclarar qué aparato se propone y qué se espera de él.

Bajo esos nombres caben tecnologías distintas, protocolos muy variados y una evidencia que no permite prometer el mismo resultado a todo el mundo.
Los ensayos y metaanálisis ofrecen señales de posible alivio a corto plazo, pero sus resultados no bastan para establecer una superioridad fiable entre ambas técnicas. Además, las recomendaciones de las guías no son intercambiables: NICE NG226 desaconseja ofrecer ultrasonidos para la artrosis, mientras que no fija una postura específica sobre los campos electromagnéticos pulsados. La decisión clínica exige separar esas tecnologías y situarlas dentro de un plan que dé prioridad al movimiento y a la capacidad funcional.
Qué dicen los metaanálisis sobre los ultrasonidos terapéuticos
Una revisión publicada en 2024 reunió 21 ensayos aleatorizados y 1.315 pacientes con artrosis de rodilla. En el conjunto de los estudios, el ultrasonido se asoció con una reducción del dolor, con una diferencia de medias estandarizada (SMD) de −0,64 (IC del 95 %: −0,88 a −0,40). También se observó una mejoría en la puntuación total WOMAC, una escala que recoge dolor, rigidez y función física, con una SMD de −0,45 (IC del 95 %: −0,69 a −0,20).
Son resultados favorables en promedio, pero no describen una respuesta garantizada. La heterogeneidad fue elevada: I² del 71 % para el dolor y del 67 % para WOMAC. Dicho de forma práctica, los estudios no reprodujeron todos el mismo efecto. Variaban los pacientes, el equipo, la forma de aplicar el tratamiento y la duración del seguimiento. Un resultado agregado ayuda a entender la tendencia de la investigación, pero no permite anticipar con precisión qué notará una persona concreta.
La revisión señala mejores resultados en un subgrupo de ensayos que utilizó ultrasonido pulsado a intensidades de hasta 2,5 W/cm², con alrededor de 24 sesiones distribuidas en un máximo de cuatro semanas. Ese dato sirve para entender los protocolos estudiados, no para convertirlo en una pauta universal. La frecuencia, el modo de emisión, el tiempo de aplicación y el acoplamiento del cabezal influyen en la intervención. También importa que los parámetros se ajusten al equipo utilizado y al criterio del profesional.
Por eso, decir simplemente que una clínica ofrece ultrasonidos aporta poca información. Conviene saber si el modo es continuo o pulsado, cuánto dura la aplicación, cuántas sesiones se proponen y qué cambio concreto se va a observar. Si el objetivo es mejorar el dolor para facilitar la actividad, ese objetivo debería quedar claro desde el inicio y revisarse durante el tratamiento.
Magnetoterapia y campos electromagnéticos pulsados
La palabra «magnetoterapia» se utiliza para tecnologías que no son equivalentes. En los estudios sobre artrosis de rodilla, una modalidad frecuente son los campos electromagnéticos pulsados (PEMF). También existen dispositivos de imanes estáticos y otras tecnologías que a veces se anuncian con nombres parecidos. No es correcto trasladar automáticamente a una modalidad los resultados obtenidos con otra.
El metaanálisis de 2019 sobre PEMF incluyó ocho ensayos aleatorizados y 421 pacientes. Encontró una diferencia estadísticamente significativa en la función física medida mediante WOMAC: diferencia de medias ponderada (WMD) de −5,28 puntos (IC del 95 %: −9,45 a −1,11). En cambio, no halló diferencias significativas en dolor WOMAC, dolor medido con una escala visual analógica, rigidez ni puntuación total WOMAC.
Una revisión de revisiones publicada en 2022 examinó diez revisiones sistemáticas sobre PEMF. Sus autores señalaron que los protocolos eran heterogéneos, las muestras reducidas y la calidad de los diseños, con frecuencia, insuficiente para establecer con seguridad la eficacia. La guía australiana RACGP también describe la evidencia como de baja calidad y observa que el seguimiento de los estudios rara vez supera las diez semanas. Esa limitación importa: un cambio registrado durante un periodo corto no permite asegurar que vaya a mantenerse.
En conjunto, los estudios dejan abierta la posibilidad de que los PEMF ayuden a algunas personas, en especial en medidas de función. Sin embargo, la evidencia sobre el dolor no resulta concluyente y no establece una pauta única que pueda recomendarse para todos los dispositivos o pacientes.
El nombre del aparato no basta para saber qué tratamiento se está aplicando. La tecnología concreta y el protocolo forman parte de la pregunta clínica.
Qué recomienda NICE NG226 y qué no aborda
NICE NG226 es una guía británica para el manejo de la artrosis, publicada en 2022. Entre sus recomendaciones figura no ofrecer ultrasonidos como tratamiento para la artrosis, porque la evidencia disponible no demuestra un beneficio suficiente. También incluye la onda corta pulsada entre las intervenciones que no recomienda ofrecer con ese fin.
Esta recomendación no debe ampliarse a tecnologías que la guía no evalúa en ese punto. NICE NG226 no establece una postura específica sobre los campos electromagnéticos pulsados (PEMF). Por tanto, no es preciso afirmar que la guía los desaconseja, ni presentarlos como una intervención recomendada por NICE. La ausencia de una recomendación específica tampoco equivale a una confirmación de eficacia.
Hay, además, una diferencia entre una recomendación clínica y una prohibición por seguridad. La cautela de NICE sobre los ultrasonidos se refiere a la falta de evidencia suficiente para ofrecerlos como tratamiento de la artrosis. No significa que la guía declare que el dispositivo sea peligroso en cualquier circunstancia. La valoración de riesgos y contraindicaciones corresponde al profesional, que debe tener en cuenta la situación de cada paciente y las indicaciones del equipo.
| Aspecto | Ultrasonidos terapéuticos | Campos electromagnéticos pulsados (PEMF) |
|---|---|---|
| Resultados de metaanálisis citados | Revisión de 2024: 21 ensayos y 1.315 pacientes; señal favorable en dolor y WOMAC | Metaanálisis de 2019: ocho ensayos y 421 pacientes; resultado favorable en función, sin diferencia significativa en varias medidas de dolor |
| Consistencia de la evidencia | Heterogeneidad elevada entre estudios | Protocolos heterogéneos y evidencia de baja calidad |
| NICE NG226 | No recomienda ofrecerlos para la artrosis | La guía no establece una postura específica sobre PEMF |
| Aplicación práctica | Los parámetros varían; los resultados de un protocolo no se trasladan sin más a otro | No hay un protocolo estandarizado que permita generalizar a todos los equipos |
La tabla no sirve para elegir un ganador. Resume resultados distintos, obtenidos con métodos y protocolos que no permiten una comparación directa. Que un metaanálisis encuentre una señal estadística en una medida concreta tampoco demuestra que esa técnica sea superior a otra en una comparación fiable.
Protocolos, equipos y expectativas
Al comparar aparatología para la artrosis, el nombre comercial puede distraer de las preguntas importantes. Una etiqueta como «magnetoterapia» no aclara si se trata de PEMF o de imanes estáticos. Del mismo modo, hablar de ultrasonido sin mencionar el modo de emisión, la intensidad o la duración deja sin describir buena parte de la intervención.
Los ensayos clínicos estudian protocolos concretos. Si el equipo de una consulta funciona de otra manera, el resultado del ensayo no se puede trasladar automáticamente. Eso no demuestra que el equipo no vaya a tener ningún efecto, pero sí obliga a formular expectativas prudentes y a comprobar si existe una razón clínica para usarlo.
En consulta tiene sentido preguntar qué tecnología se va a aplicar, qué síntoma se pretende modificar y cómo se valorará el resultado. Una respuesta centrada únicamente en que el aparato «activa» o «regenera» la articulación no explica qué cambio funcional se busca ni qué evidencia respalda esa promesa. Es preferible acordar una meta observable, como tolerar mejor los ejercicios o caminar con menos limitación, y revisar si se cumple.
También conviene aclarar desde el principio qué papel tendrá la aparatología. Si se propone una serie de sesiones, el paciente debería saber cuánto tiempo se probará el tratamiento y qué ocurrirá si el dolor o la función no mejoran. Sin esa revisión, es fácil prolongar una intervención por inercia, aunque no esté aportando un beneficio reconocible.
El ejercicio y el control del peso siguen en el centro
La comparación entre ultrasonidos y PEMF ocupa un espacio limitado dentro del tratamiento de la artrosis de rodilla. NICE NG226 recomienda el ejercicio terapéutico como parte central del manejo. El trabajo de fuerza, incluido el fortalecimiento de la musculatura del muslo, puede ayudar a mejorar la capacidad para las tareas cotidianas. La selección y progresión de los ejercicios deben adaptarse a la situación de la persona, sobre todo si el dolor limita al principio el movimiento.
Para las personas con sobrepeso u obesidad, la guía señala que perder peso puede mejorar el dolor y la función, además de la calidad de vida. La recomendación no implica que el peso explique por sí solo todos los síntomas ni que el ejercicio tenga que esperar a que se produzca una pérdida de peso. Son elementos que se pueden abordar con apoyo profesional y de forma gradual.
Una intervención pasiva podría tener sentido como complemento si ayuda a tolerar el inicio de un programa activo, pero ese posible papel debe comprobarse, no darse por hecho. Si una sesión facilita hacer los ejercicios, caminar o recuperar una actividad, el efecto práctico puede valorarse en función de esos cambios. Si no modifica nada relevante, resulta razonable replantear el uso del aparato.
La pregunta útil es si la intervención ayuda a recuperar actividad y función. El dispositivo, por sí solo, no responde a eso.
Qué puede afirmarse sobre el cartílago y la progresión
No está demostrado que los ultrasonidos terapéuticos o los PEMF regeneren el cartílago de la rodilla o frenen la progresión de la artrosis. Esa es una formulación prudente sobre lo que permite concluir la evidencia disponible; no equivale a afirmar que se haya probado que nunca puedan influir en ningún proceso biológico.
Los estudios descritos se centran sobre todo en síntomas y medidas de función, y su seguimiento es limitado. Por eso, una mejoría del dolor durante el tratamiento no debe presentarse como prueba de que se haya reparado la articulación. Para sostener una afirmación sobre regeneración o cambio duradero en la enfermedad harían falta datos adecuados para responder a esa cuestión, y los resultados citados aquí no bastan para hacerlo.
Una decisión clínica sin ganador automático
La pregunta «magnetoterapia o ultrasonidos para la artrosis de rodilla» no tiene una respuesta universal. Los metaanálisis apuntan a posibles beneficios en algunas medidas, pero la heterogeneidad y las diferencias entre protocolos impiden establecer una superioridad comparativa fiable. NICE NG226 desaconseja ofrecer ultrasonidos para la artrosis y no fija una recomendación específica sobre PEMF.
En la práctica, la elección debería depender del objetivo clínico, de la tecnología concreta, de las expectativas razonables y de la posibilidad de comprobar si hay un cambio útil. Si el tratamiento se propone como complemento, debe dejar sitio al ejercicio terapéutico y a las medidas de control del peso cuando sean pertinentes. Ningún aparato debería desplazar el trabajo activo ni justificar promesas sobre cartílago o evolución de la enfermedad que la evidencia disponible no demuestra.