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Claves de la fisioterapia respiratoria para recuperar la función pulmonar postquirúrgica

Los especialistas en rehabilitación pulmonar advierten que la fisioterapia respiratoria es un pilar de la recuperación tras resecciones torácicas e intervenciones pulmonares mayores, según recoge UDG TV.

La redacción de fisiohermes.es · actualizado 26 de octubre de 2026

Claves de la fisioterapia respiratoria para recuperar la función pulmonar postquirúrgica

Las técnicas de movilización torácica y ventilación controlada previenen el colapso alveolar y aceleran la vuelta a una función respiratoria aceptable. Para el paciente que acaba de pasar por el quirófano, o para quien acompaña ese proceso, entender qué implica cada fase de este trabajo respiratorio marca la diferencia entre recuperarse de forma óptima o quedarse con secuelas evitables.

Qué ocurre con el pulmón tras una cirugía mayor

Después de una resección torácica, el tejido pulmonar que queda tiene que adaptarse a un volumen distinto. Los alvéolos, esas microscópicas bolsas donde se produce el intercambio gaseoso, se colapsan con facilidad cuando el paciente limita su respiración por dolor, por rigidez torácica o simplemente por hábito protector. Ese colapso no es un detalle menor: reduce la superficie funcional del pulmón y retarda la oxigenación eficaz.

La fisioterapia respiratoria ataca ese problema desde dos frentes. Por un lado, la movilización torácica trabaja la caja torácica para que vuelva a expandirse con normalidad; por otro, la ventilación controlada entrena al paciente a respirar de manera profunda y sostenida, reabriendo alvéolos que se habían cerrado. Ambas técnicas, combinadas en pautas personalizadas, previenen el colapso alveolar y aceleran la recuperación funcional tal y como señalan los especialistas citados.

El orden de las fases de trabajo

La secuencia importa tanto como la técnica. En las primeras 24 a 48 horas tras la intervención, el objetivo es despejar secreciones y asegurar una ventilación completa, sin forzar la zona operada. La movilización torácica se realiza con sumo cuidado y se acompaña de ejercicios inspiratorios suaves.

En una segunda fase, una vez controlado el dolor postquirúrgico, se incorporan ejercicios de fuerza respiratoria y se empieza a trabajar la mecánica de la caja torácica de forma más activa. Ahí entran en juego técnicas como la relajación torácica, la ventilación dirigida con resistencias y la educación postural, que conecta la forma de sentarse y moverse con la capacidad pulmonar real.

La tercera fase orienta al paciente hacia el esfuerzo funcional. Se trata de ir recuperando tolerancia al ejercicio de forma progresiva, sin que la saturación ni la fatiga arruinen el avance conseguido. Cada salto en la actividad se calibra según la respuesta del sistema respiratorio.

Qué debe vigilar el paciente en casa

Tras el alta, conviene prestar atención a tres señales concretas. La primera es la tolerancia al esfuerzo cotidiano: subir escaleras, caminar un trayecto algo largo o realizar una tarea doméstica sin quedar sin aire es un buen indicador de progreso. La segunda es la capacidad para toser y expulsar secreciones sin dolor excesivo, un requisito fundamental para evitar infecciones bronquiales. La tercera es la frecuencia respiratoria en reposo, que debería ir disminuyendo a medida que mejora la eficiencia pulmonar.

Si alguna de estas señales no avanza o se deteriora, conviene comunicarlo al equipo de rehabilitación sin esperar a la próxima cita programada. La ventana de adaptación pulmonar es limitada, y cualquier retraso en el ajuste de las pautas se paga en semanas de recuperación más lenta.