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Diatermia profunda en fisioterapia: el cambio hacia la hipertermia

En fisioterapia se habla de diatermia profunda, radiofrecuencia e hipertermia para describir tratamientos que pueden compartir principios físicos, pero cuyos nombres no siempre corresponden a una misma técnica ni a una misma forma de aplicar energía.

Diatermia profunda en fisioterapia: el cambio hacia la hipertermia

La diferencia importa: dos equipos presentados con etiquetas parecidas pueden trabajar con configuraciones distintas y generar efectos térmicos diferentes.

La literatura científica no permite afirmar que haya ocurrido un cambio general del sector desde la diatermia hacia la hipertermia, ni atribuirlo a una causa concreta. Sí permite plantear una pregunta útil para clínicas y pacientes: cuando un tratamiento se anuncia como hipertermia, ¿qué tecnología utiliza, qué tejidos calienta y qué evidencia respalda su uso para esa indicación? Las revisiones sobre patología musculoesquelética describen una evidencia clínica limitada y heterogénea. Esa cautela no convierte la diatermia en una técnica inútil, pero obliga a separar el efecto físico del calor de las promesas sobre resultados clínicos.

La etiqueta comercial no basta para saber qué energía recibe el tejido ni qué beneficio cabe esperar.

Fundamentos físicos: por qué una misma palabra puede describir técnicas distintas

La diatermia fisioterapéutica emplea corrientes electromagnéticas de alta frecuencia que producen calentamiento en los tejidos mediante el movimiento de cargas y la rotación de moléculas polares. Bajo esa definición general caben modalidades que no aplican la energía del mismo modo. La transferencia eléctrica capacitiva-resistiva, asociada en muchas clínicas a la marca Tecar, utiliza electrodos con diferentes características. El tipo de aplicador y la resistencia eléctrica de los tejidos influyen en cómo se distribuye la energía.

La diatermia de onda corta también puede aplicarse de forma continua o pulsada, mediante campos electromagnéticos radiados o con electrodos en contacto. No conviene tratar estas modalidades como si fueran intercambiables. La guía de la Clínica Universidad de Navarra describe la diatermia como un procedimiento que eleva la temperatura de estructuras profundas mediante corriente alterna de muy alta frecuencia. También distingue esta técnica de la ablación por radiofrecuencia, que tiene objetivos y potencias diferentes. Compartir la palabra radiofrecuencia no convierte en equivalentes dos procedimientos con propósitos clínicos distintos.

La consecuencia práctica es sencilla: dos sesiones anunciadas como diatermia profunda pueden producir respuestas térmicas diferentes. Una revisión sistemática sobre diatermia de onda corta reunió once estudios con 240 participantes sanos. En los estudios incluidos, el mayor aumento medio comunicado fue de 7,9 °C en la piel con aplicación continua capacitiva coplanar y de 4,58 °C en el músculo con aplicación inductiva pulsada. Son medidas de configuraciones y tejidos distintos, no dos estimaciones de un mismo efecto. Precisamente por eso no pueden convertirse sin más en una referencia universal para cualquier equipo o paciente.

Modo de aplicaciónTejido medidoVariación térmica comunicadaProcedencia
Continua capacitiva coplanarPiel+7,9 °C de mediaRevisión sistemática de diatermia de onda corta
Inductiva pulsadaMúsculo+4,58 °C de mediaRevisión sistemática de diatermia de onda corta
Electrodos capacitivos y resistivos de alta frecuenciaSuperficie cutáneaDe 30,4 °C a 34,9 °C y de 30,7 °C a 35,2 °C, medianasEstudio retrospectivo con 30 sujetos sanos

Otro estudio retrospectivo, realizado con 30 sujetos sanos, midió cambios en la temperatura superficial tras aplicar un campo electromagnético de alta frecuencia con electrodos capacitivos y resistivos. Las medianas pasaron de 30,40 °C a 34,90 °C en uno de los grupos y de 30,70 °C a 35,20 °C en el otro durante el periodo observado. El estudio comunica aumentos estadísticamente significativos en esas condiciones. Eso permite hablar de calentamiento, pero no demuestra por sí solo una hipertermia profunda en tejidos internos ni permite trasladar esos valores a todos los pacientes.

La temperatura de la piel es accesible y relativamente sencilla de registrar. La de un músculo profundo es otra cuestión: medirla directamente puede requerir procedimientos invasivos, y los resultados dependen del lugar y del momento de la medición. Por eso una lectura superficial no informa automáticamente de cuánto se ha calentado el tejido diana. Tampoco una cifra obtenida en voluntarios sanos permite predecir la respuesta de una persona con dolor, inflamación o una lesión.

Dosimetría: por qué no existe una temperatura universal

Si una clínica anuncia sesiones de hipertermia a 40 °C, merece la pena preguntar dónde se mide esa temperatura, con qué instrumento y a qué profundidad. La literatura revisada no establece un umbral térmico universal para la diatermia fisioterapéutica. Una revisión sobre transferencia eléctrica capacitiva-resistiva aplicada al suelo pélvico recoge estudios que asociaron la eficacia clínica con alcanzar entre 40 y 45 °C durante casi dos minutos. La propia revisión, sin embargo, señala que muchos de los trabajos eran series de casos y que hacen falta ensayos aleatorizados para generalizar ese intervalo.

Ese rango pertenece a un contexto clínico concreto, con tejidos y métodos de aplicación específicos. No es un protocolo validado para cualquier tratamiento de suelo pélvico, y menos aún una referencia que pueda trasladarse directamente a un gemelo o a un supraespinoso. El tejido, la zona tratada, la modalidad de energía y la sensibilidad del paciente condicionan la respuesta. También importa cómo se define la dosis: no basta con indicar la duración de la sesión o la temperatura superficial si no se explica qué energía se aplica y cómo se controla.

La dosimetría sigue siendo una limitación importante en este campo. Hay experiencia clínica y equipos con distintos modos de aplicación, pero la investigación con controles rigurosos y medición directa de la temperatura intratisular es escasa. Sin una descripción suficiente de la frecuencia, la potencia, el tiempo, el tipo de electrodo y la zona tratada, comparar protocolos resulta difícil. Y si los estudios miden cosas distintas, tampoco es extraño que sus resultados no encajen con facilidad.

En la práctica, el fisioterapeuta puede ajustar la intensidad según la respuesta de la persona y los objetivos de la sesión. Esa adaptación clínica no reemplaza, sin embargo, la necesidad de investigar con protocolos reproducibles. La percepción de calor del paciente puede orientar la aplicación, pero no mide por sí sola la temperatura de un músculo profundo ni garantiza que se haya alcanzado una dosis asociada a un resultado terapéutico.

La evidencia musculoesquelética: lo que las revisiones dicen y lo que no dicen

Para quien busca una respuesta práctica, hay una idea que conviene mantener en primer plano. Una revisión sistemática con metaanálisis que reunió 68 estudios sobre diatermia en patología musculoesquelética concluyó que la mayoría de los análisis agrupados no mostraban mejoras significativas en los resultados principales. La calidad de la evidencia se calificó de baja o muy baja en las comparaciones analizadas. Una revisión posterior, publicada en 2023, describió resultados controvertidos y concluyó que la evidencia disponible no respaldaba la adopción clínica generalizada para los trastornos musculoesqueléticos.

Eso no equivale a afirmar que la diatermia no tenga ninguna utilidad. Significa que, con los datos disponibles, no se puede asegurar que sea superior al placebo, a la termoterapia convencional, al ejercicio terapéutico o al manejo conservador en la mayoría de las indicaciones musculoesqueléticas en las que se promociona. Hay una diferencia entre producir un efecto físico y demostrar que ese efecto mejora de forma consistente el dolor, la función o el tiempo de recuperación.

El calor puede influir en la circulación local, en la viscoelasticidad del colágeno y en el umbral del dolor. Son mecanismos plausibles y relevantes para la fisiología. Pero no bastan para demostrar que una persona con tendinopatía, fascitis plantar o rotura fibrilar vaya a recuperarse antes gracias a la diatermia. Las afirmaciones de que un equipo regenera tejidos o acelera siempre la recuperación van más allá de lo que respaldan las revisiones citadas.

También hay que distinguir los estudios que miden temperatura de los que evalúan resultados clínicos. Buena parte de los datos cuantitativos sobre calentamiento procede de voluntarios sanos. La revisión de diatermia de onda corta con once estudios y 240 participantes, por ejemplo, sirve para caracterizar respuestas térmicas en las condiciones estudiadas. No permite predecir directamente qué ocurrirá en una persona con una lesión concreta. Pasar de un aumento de temperatura en sujetos sanos a una promesa terapéutica para pacientes requiere pruebas adicionales.

La heterogeneidad de los estudios complica aún más la lectura. No siempre coinciden la técnica, la dosis, la zona tratada, el número de sesiones, el comparador o el resultado elegido. Algunos trabajos valoran dolor; otros, función o cambios fisiológicos. Cuando los protocolos y las medidas difieren, reunir los resultados no siempre resuelve la incertidumbre. Por eso, que una revisión incluya muchos estudios no significa automáticamente que todas las indicaciones estén bien estudiadas ni que exista una conclusión firme para cada una.

En una decisión clínica, la diatermia puede formar parte de un abordaje más amplio si encaja con el caso y con las preferencias del paciente. Lo que no debería hacer es desplazar sin justificación intervenciones con un papel más claro, como la educación, el ejercicio progresivo o la recuperación de la carga funcional. La cuestión no es si el equipo produce calor, sino qué aporta a esa persona, frente a qué alternativa y con qué resultado observable.

Suelo pélvico, fisioterapia dermato-funcional y deporte: contextos distintos

La transferencia eléctrica capacitiva-resistiva se emplea en varios ámbitos: fisioterapia del suelo pélvico, fisioterapia dermato-funcional, recuperación deportiva y tratamiento de problemas musculoesqueléticos. Que una tecnología aparezca en más de un campo no significa que la evidencia de una aplicación pueda trasladarse a las demás. Cada indicación tiene tejidos, objetivos y medidas de resultado propios.

En suelo pélvico, algunos estudios han incorporado la técnica a protocolos de rehabilitación posparto o de disfunciones perineales y han comunicado cambios en síntomas o parámetros funcionales. La revisión disponible también advierte de limitaciones metodológicas, entre ellas la presencia de series de casos y la falta de ensayos aleatorizados suficientes. La aplicación puede resultar interesante para investigar y para determinados planes terapéuticos, pero los datos no justifican presentar un rango térmico o un protocolo como norma para todas las pacientes.

En fisioterapia dermato-funcional, el atractivo de hablar de hipertermia cutánea profunda es comprensible por la relación entre calor y tratamientos estéticos. Pero el interés comercial de una formulación no sustituye a la evidencia sobre el resultado concreto que se busca. Para valorar estas aplicaciones hay que distinguir qué se mide, cuánto dura el efecto y si el cambio observado es clínicamente relevante. Una variación térmica o una modificación local no demuestra por sí sola una mejora duradera.

En el deporte, la diatermia convive con recursos como la crioterapia, la compresión neumática y otras estrategias de recuperación. No hay base para afirmar una superioridad clara frente a alternativas más sencillas en términos generales. Además, una estrategia que puede resultar útil para aliviar síntomas en un caso no necesariamente acelera la reparación biológica de una lesión. La recuperación depende de la lesión, de su evolución y de la gestión progresiva de la carga, entre otros factores.

En este terreno circulan expresiones como radiofrecuencia en fisioterapia, hipertermia profunda y terapia celular activa. Algunas se usan para describir familias de tecnología; otras tienen un carácter más comercial. Ninguna etiqueta explica por sí sola el mecanismo, la dosis ni la eficacia. Para entender qué se ofrece hay que mirar la modalidad, la frecuencia, la potencia, el tipo de aplicador y el tejido diana. El nombre del tratamiento no es una medida de su resultado.

Normativa española: seguridad, clasificación y comunicación

La discusión también tiene una dimensión regulatoria. Una revisión publicada en julio de 2019 sobre la normativa aplicable a estos equipos señala que las recomendaciones de seguridad están dispersas y que puede haber falta de claridad al determinar qué productos deben considerarse sanitarios. Esa observación describe una dificultad para valorar el uso y la certificación de los equipos. No demuestra que los fabricantes empleen determinadas palabras para evitar controles, ni permite atribuirles una intención concreta.

La clasificación de un dispositivo depende de sus características y de la finalidad prevista por quien lo comercializa. Por eso, antes de incorporar un equipo a una clínica, conviene revisar la documentación que corresponda a ese producto: su marcado CE cuando proceda, la declaración de conformidad y la situación regulatoria aplicable. Si existe una duda sobre su condición o sobre los requisitos que debe cumplir, la información del fabricante y la orientación de los organismos competentes son más útiles que el nombre con el que se anuncia.

Que un equipo se presente como hipertermia no permite deducir su categoría regulatoria ni exime de cumplir los requisitos aplicables. Tampoco el hecho de que un producto sea sanitario demuestra que sea eficaz para cualquier indicación: la seguridad, la conformidad regulatoria y la evidencia clínica responden a preguntas distintas. Conviene no mezclarlas en la comunicación al paciente.

A quien acude a tratamiento le puede servir preguntar qué tipo de tecnología se va a utilizar, qué zona se pretende tratar y qué resultados se esperan en su caso. También es razonable pedir que se expliquen las alternativas y el lugar que ocupa el equipo dentro del plan de rehabilitación. Una respuesta concreta debería hablar de la indicación y de los objetivos funcionales, no limitarse a prometer un calor profundo o una regeneración sin precisar qué significa eso para el problema de la persona.

Mejor herramienta que relato

La diatermia profunda tiene una base física conocida y puede producir cambios térmicos medibles. Lo que la evidencia clínica todavía no permite es convertir ese hecho en una promesa general de recuperación más rápida o de superioridad frente a otras intervenciones. La respuesta depende de la técnica aplicada, la dosis, el tejido y la indicación. La palabra hipertermia, por sí sola, no aclara ninguno de esos elementos ni demuestra que haya aparecido una nueva modalidad terapéutica.

La forma más útil de abordar el debate consiste en separar tres preguntas: qué tecnología usa el equipo, qué efecto físico se ha medido y qué beneficio clínico se ha demostrado para una indicación concreta. La primera se responde con las especificaciones; la segunda, con mediciones adecuadas; la tercera exige estudios clínicos pertinentes. Si se confunden, un dato sobre temperatura puede acabar presentado como prueba de recuperación, y una etiqueta comercial como si definiera una categoría terapéutica.

La energía aplicada y la indicación importan más que el nombre elegido para presentar el equipo.

Para el profesional, la diatermia puede ser un recurso dentro de un plan razonado, sin sustituir la valoración clínica ni las intervenciones necesarias para recuperar la función. Para el paciente, preguntar por los objetivos y por la evidencia específica de su caso ayuda a distinguir una explicación clínica de una promesa amplia. Y para que el debate avance, hacen falta ensayos aleatorizados con dosimetría bien descrita, medidas de resultado pertinentes y seguimientos suficientes. Hasta entonces, conviene hablar con precisión de lo que sabemos y dejar abiertas las preguntas que la investigación aún no ha resuelto.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre diatermia profunda, radiofrecuencia e hipertermia?
Describen tratamientos que comparten principios físicos mediante corrientes electromagnéticas, pero sus nombres no siempre corresponden a una misma técnica, configuración o forma de aplicar energía en los tejidos.
¿Está demostrada la eficacia de la diatermia en problemas musculoesqueléticos?
La evidencia clínica disponible es limitada y heterogénea; las revisiones sistemáticas indican que la mayoría de los análisis no muestran mejoras significativas frente a intervenciones convencionales, al ejercicio o al placebo.
¿Se puede asegurar que la diatermia acelera la recuperación de una lesión?
No. Aunque el calor puede influir en la circulación o la viscoelasticidad, las afirmaciones de que regenera tejidos o acelera siempre la recuperación van más allá de lo que respaldan las revisiones científicas actuales.
¿Existe una temperatura estándar o universal para los tratamientos de hipertermia?
No existe un umbral térmico universal. Los estudios recogen rangos específicos según el contexto clínico, pero la respuesta depende del tejido, la modalidad, la zona tratada y la sensibilidad del paciente.
¿Qué se debe tener en cuenta sobre la seguridad y regulación de estos equipos?
Las recomendaciones de seguridad y la determinación de qué productos se consideran sanitarios están dispersas. Es necesario revisar la documentación del fabricante, como el marcado CE y la declaración de conformidad, antes de incorporar un equipo.
¿Sirven los estudios realizados en personas sanas para saber el efecto en un paciente con dolor?
No directamente. Las mediciones de temperatura en voluntarios sanos sirven para caracterizar respuestas térmicas en esas condiciones concretas, pero no permiten predecir la respuesta de una persona con inflamación, dolor o una lesión.